Titulo 1. El primer sueño
Después de varios kilómetros recorridos mis pies y piernas exigían un descanso he ahí el lugar ideal, una banca a un costado de más de una docena de palomas, me acerque lentamente para no espantar a las palomas luego de la misma forma me senté después me recline tirando la mirada hacia el cielo mientras estiraba las piernas y extendía los brazos hacia el cielo y apretando los parpados de mis ojos ¡ah!, ¡qué alivio! –Suspire–.
Después de un rato de estar sentado con los ojos cerrados y tan relajado, una peste nauseabunda me hizo, mejor dicho me obligo a reaccionar; era una persona que por el olor y la apariencia se sabía que no se había bañado en semanas, vestía con una ropa andrajosa, sucia rota y al grado de tener marcas en los pantalones de algo que se le derramo o podría ser hasta marcas de orina, se notaba que los pantalones alguna vez fueron cafés claros en el presente estaban rotos de las rodillas y deshilachados de los dobladillos, la camisa en su tiempo fue una camisa a mangas de tres cuartos ahora era una camisa con un solo botón con la bolsa rasgada ennegrecida por el sudor y la suciedad; su pelo era largo al igual que su barba pero el primero, lucia revuelto, encanecido, tosco y endurecido por la mugre que tenía; su piel estaba quemada por el sol, los pies descalzos y muy feos al grado de tener las uñas muy amarillas. En lo único que pensaba era en retirarme de la banca cuando este me detuvo diciendo –no te levantes estás muy cansado y no creo que la fuerza de tus piernas te lleven a la próxima banca– me detuve a pensar un instante, verdaderamente el hombre tenía razón, pero, ¿cómo yo me iba a quedar a lado de alguien que apestaba demasiado?, el olor era insoportable.
El dijo –Olvida el mal olor que despide mi cuerpo y, mejor dime porque prefieres el castigo que pesa sobre la mitad de tu vida–, lo mire clavando mi mirada en él y de la manera más agresiva pregunte –¿Qué castigo?, ¿a qué se refiere?–
A lo que él contesto con los ojos firmemente puestos en los míos –Llevas treintaisiete años de vida y de los cuales diecisiete haz dedicado al deleite carnal–
–¡Eh!– mi asombro era mayúsculo no podía creer como este hombre había descrito en tan solo algunas palabras mis aventuras que no recordaba desde hacía cuanto tiempo atrás habían empezado con la chica de la cafetería y ni que decir de algunas otras amigas más; cuando empecé solo quería ser un caballero pero, las cosas se me salieron de control y una cosa me llevo a la otra, hasta llegar más allá. Seducir a una dama ya era como un deporte de caza para mí, pensaba en la forma más sutil de llevarla a su máxima excitación para satisfacer mi apetito y mi excitación; desde hacía unos días esto me empezó a remorder la conciencia e intente alejarme de todo lo que era mi vida común, pero, ya era normal para mí despertar con una dama diferente a mi lado, la rutina al despertar siempre era mirarla mientras dormía, observando cada detalle de su rostro sus gestos; únicamente mirar detalle a detalle a mi acompañante, después de la cálida noche que pasamos ambos; luego, me levantaba e iba a la cocina a preparar lo que sería mi desayuno, siempre algo muy ligero, luego lo que le ofrecería a mi huésped nocturno, un dulce beso y la invitación a hacerlo nuevamente en otra ocasión acompañaba el desayuno hasta la cama; sí esa era la rutina. En la oficina tal vez nadie creería mi vida oculta, pues la seriedad caracterizaba mi trabajo.
–Sebastián, Sebastián, Sebastián despierta–.
–Sí, ¿qué paso?–
–Eso mismo me pregunto yo, ¿Qué te pasa hace unos días te noto demasiado distraído?, ¿Tienes algún problema?–
–No, sólo es el cansancio, llevo tres días sin descansar bien, es insomnio no logro dormir muy bien– por mi cabeza paseaba la pregunta –¿qué fue eso?–, por lo general no dormía en el trabajo a pesar de haberme trasnochado varias noches consecutivas, deje de pensar en eso y regrese a mis deberes en la oficina y termine de trabajar.
Por la noche al regresar a casa decidí dar un paseo por la ciudad para distraer mi atención en algo que no fuera una mujer, pues, llevaba mucho tiempo rodando sobre la cama intentando descansar y la idea de tener a alguien a mi lado no me dejaba dormir, era casi como una necesidad. Las ideas que rodeaban mi mente eran de ir a algún café y dejar que lo que ya era costumbre ocurriera; encontrar alguna dama sin acompañante y que pudiera confiar en mí lo suficiente como para llevarla a la calidez de mi cama, pero no, mejor decidí distraerme en un parque que no estaba muy lejos de casa, me senté en uno de los bordes de la pequeña barda que estaba al lado de los juegos para niños, los gritos de diversión hacían un fuerte eco en mí, llenando mi cabeza de viejas aventuras de niño, se podía ver a una mujer perseguir de un lado a otro aun pequeño travieso que se había escapado, de aquí a allí, por otro lado mire con atención la forma en que le hacían compañía dos señores ya grandes a su nieto dormido, cansado por la aventura nocturna en el parque. Me divertía viendo y mirando las travesuras de ellos, tanta energía en pequeños pedacitos de carne, verdaderamente te roban el corazón, al mirar sus rostros descubriendo el nuevo mundo que esta fuera de casa.
Me levante y camine un poco más hasta llegar a una banca en la que se encontraba un señor que vendía un sinfín de golosinas, me senté junto a él.
Y una figura distraída, observante del lugar, intentando identificar todo; atrajo mi atención, era alguien conocido. Su figura alta, delgada y el color de su piel blanca la hacían sobresalir de entre tanta gente; de zapatos cerrados y bajos, con una falda café tipo gitana asiendo juego con su blusa blanca al estilo hippie con el clásico simbolito redondo que en el centro tiene una “Y”, además ese pelo rojo y rizado que le llegaba hasta los hombros hacían una perfecta combinación. Con esto creo que cualquiera lo notaría y sabría que Ella no es de aquí, y es porque acaba de llegar de Michigan, trabaja conmigo, bueno ella está en otro piso; junto con otras veinte personas que también acaban de llegar a la oficina, según están aquí para mejorar el manejo de la empresa ella es la supervisora de todo el grupo, en pocas palabras ella dirige al grupo con el que viene, me levante para saludarla.
–Hola que haces por aquí–
–Hola, buenas noches, quería conocer un poco más la ciudad por mí misma, la noche que llegue me dieron un pequeño tour pero no me basto, quiero descubrir que más esconde esta ciudad ¿y tú? –
–Necesito un poco de noche–
–Un poco de noche–, interrumpió ella con una sonrisa que parecía que se estuviera burlando y quien no lo haría suena estúpido, pero bueno, corregí lo que había dicho y le explique que no conseguía dormir y me decidí a distraerme en algo para que cuando ya estuviera cansado, solo llegara a casa a dormir.
Estuvimos un buen rato hablando, como una hora y media o algo así, cuando reaccione le ofrecí el asiento junto a nosotros, para continuar con la conversación de manera más cómoda, ella miro su reloj y dijo –No, gracias en otra ocasión conversaremos, por ahora necesito llegar a casa para descansar, además ya es tarde–, nos despedimos y ella continuo su camino, yo seguí por el parque hasta que mi atención quedo centrada en un carrito que era arrastrado por el piso, me senté de nuevo y seguí mirando por mucho tiempo hasta que me perdí en mis pensamientos.
Por mi cabeza pasaban cosas sin sentido, quería saber si ella verdaderamente se dirigía a casa o iría a algún otro lugar, pensaba en la cena, en tal vez en cenar con lo que quedó del almuerzo, o que tal sería mejor probar la comida que ofrecían en Manolo’s, ese lugar que se estaba estrenando en la ciudad, según con “la mejor comida rápida”, tal vez ahí lograría olvidarme de este enfermizo deseo, que aún seguía en mi mente y cuerpo, –sonaba como un adicto–; no sé cuánto tiempo estuve pensando, que tal vez hice un viaje relámpago y conocí a Alicia, sino fuera por otro vendedor que deambulaba por el parque ofreciendo golosinas, tal vez habría despertado más tarde de ese sueño. –No, muchas gracias, no se me ofrece nada–.
Mejor me prepare para ir a casa para ya dormir, en casa estaría mucho más cómodo, cuando me levante pude ver nuevamente el carrito que había atraído mi atención antes de viajar muy lejos de mi posición actual, a lo mejor habré dormido como unos quince minutos, ¡dormido y con los ojos abiertos! Mmm…
Caminando, como es mi costumbre me dirigía a casa mirando cada rincón de la ciudad: la gente, los edificios, los autos, todo, creo que no se me escapaba nada. Unas siluetas dentro de un auto por la calle contigua me hicieron caminar un poco más aprisa intentando no mirar demasiado para que no se sintieran intimidados, era una pareja que por lo que el rabillo de mi ojo izquierdo distinguió. Ellos habían encontrado ese lugar como el más adecuado para empañar los cristales del auto, –jajajaja–, no soporte mucho y al llegar según yo a una distancia en la que ya no me distinguirían me carcajeé como nunca antes lo había hecho, la escena me causo gracias porque se lograba escuchar una discusión y en ella algo como:
–se me atoro, espera
– deja te ayudo
–no, yo lo hago, puedes romperlo
Me hizo recordar aquella ocasión en la que, la chica de la mensajería y yo nos quedamos atorados en el ascensor y ya se habrán de imaginar lo que ocurrió en la penumbra de esos momentos; por cierto no la he vuelto a ver, ¿dónde estará?…
Mis recuerdos del pasado estaban regresando, cosas que ya no recordaba empezaba a llegar, Daila, ¡oh, Daila! mi primer amor, creo que en la primaria no es mucho lo que puedes hacer para descubrir que conociste a la niña de tus sueños, bueno Daila era la niña más curiosita del salón, –bueno sin contar a su gemela verdad–, como describirla tenía un carácter que la descubría muy fuerte, capaz de morder, arañar y de pelear con cualquiera, era muy hábil muy activa y con muchas destrezas pero dentro de esa gran armadura un corazón de pollo, esa armadura tan fuerte hacía que los demás niños le temieran, y casi no se acercaran a ella, aunque en verdad era la eterna guardiana de Monic, quien era totalmente opuesta, una niña muy dulce muy distraída muy linda era como una caramelito.
Camine tan distraído que no me di cuenta en qué momento me desvié de mi trayectoria, al punto de llegar a la gran avenida de la ciudad, y de nuevo la vi. Ella, ¿perdida?, eso me parece, me acerque y pregunte qué ocurría
–Eh… espero taxi para llegar a casa–
–Pero, no parece que estuvieras buscando un taxi, es como que si quisieras recordar un lugar–Sus ojos estaban muy atentos en los alrededores, más que nada en las tiendas, su mirada no se cruzaba con la mía ella estaba en lo que estaba, sólo no me miraba y ya.
–OK, no lo estoy buscando acabo de bajar de uno, me llevo a casa de los mil demonios, y ahora no sé dónde rayos queda mi casa–
–Te puedo ayudar– su mirada se clavó en la mía de una forma sorprendente, giro tan rápido el cuello que me asusto, con ese movimiento pensé que se pudo haber lastimado pero no hizo gesto alguno titubeante continúe diciendo –digo, si quieres–
–OK– de repente, movió la vista de mí hacia mi lado izquierdo y dijo –no, espera, creo que yo encontrare el camino para llegar, gracias, creo saber por dónde es, ya me ubique–
–Mejor, te acompaño y es más seguro no sabes que peligros te aguardan en esta ciudad que aun que es chiquita aun así cualquier cosa puede pasar–
Al final la convencí, la acompañe, y descubrí cosas impresionantes de ella y porque era mi jefa, aunque no directa pero al final era mi jefa, casi siempre viajaba, y deseaba estar por lo menos unos tres años en un solo lugar, hasta ahora ha conocido 27 ciudades donde nuestra empresa tiene convenios o sucursales. Estudio una carrera relacionado con finanzas y se había especializado en auditorias financieras no precisamente porque le haya gustado estar auditando, ella lo define –es una oportunidad que se dio y pues yo únicamente la tome– según me estuvo contando, ella y su equipo han descubierto malos manejos de los directivos en 8 ciudades incluyendo en la que estamos trabajando; –como soy nuevo, bueno llevo tres meses– aun no entendía algunas cosas,–ahora sé porque el enojo de algunos en la oficina con la presencia de ellos–, volviendo al recorrido, caminamos creo que como unas tres cuadras y nos preguntamos en algunos lugares intentando averiguar dónde quedaba el edificio Villa Real, –siendo honesto era la primera vez que escuchaba el lugar– unas personas de una florería nos dijeron que era cerca de la fuente de los cisnes, otras personas en una cafetería nos enviaron a la plaza de los caracoles, pero ninguno nos decía con certeza donde era.
En fin así estuvimos vagando por un buen tiempo; mientras caminábamos pude mirarla con mayor detenimiento su apariencia la hace ver como una mujer más grande que yo cuando la situación es al revés, tiene muy marcados los parpados, pareciera que tuviera sueño, la frente se le marca pero eso porque hace muchos gestos con la cara, al reír le salen unos hoyuelos a en ambas mejillas cerca de su boca, una señora que paso a lado de nosotros nos miró algo extraño insinuado con la mirada “es muy grande para ti, es un jovencito queriendo juagar a ser grande” desde que nos alcanzaba a distinguir no quitaba la vista de nosotros nos miraba de pies a cabeza y cuando ya estábamos lejos de ella casi se tuerce el cuello intentando mirarnos; a de ser tal vez, la forma en la que Ella vive lo que ha hecho que cambie su apariencia y su vida además de que el trabajo se está llevando su juventud. Continuamos caminando con más lentitud, ella empezaba a sentirse cansada, cuando de repente se emocionó demasiado al fin alguien conocido que pudiera guiarla a casa, era un vecino que iba de prisa a su trabajo por las prisas de llegar a tiempo contrabajo nos explicó cómo llegar al dichoso edificio, pero este no perdió la oportunidad para invitarla nuevamente para que lo oyera tocar, en alguna ocasión incluso le dijo que me llevar, por lo que comprendí, por el estuche que llevaba se podía notar que era saxofonista, por el frente el estuche era naranja casi rojo y negro por detrás como plastificado del lado de la agarradera decía BAM, la forma del instrumento se dibujaba son el estuche nos despedimos del músico del cual no supe su nombre por las carreras de este. Ya teniendo las indicaciones del músico fue mucho más fácil llegar así que la acompañe hasta la puerta del edificio, me despedí y regrese a casa, caí rendido hasta el punto de olvidarme de quitarme los zapatos, solo me tire sobre la cama y me dormí.