¡Hay tanto que he escrito! ¡Hay tantos pensamientos que se empezaron a gestar, pero nunca llegaron a ser escritos! ¡Hay tantas ideas que se iniciaron, pero no se concluyeron! ¡Hay tantas palabras que alguna vez quisieron estar en el lugar principal! Hoy les contaré cómo fue que inicié mi blog.
Estaba por salir de la preparatoria cuando comencé este blog. Me había enamorado de Elena (el nombre lo he cambiado), que para ese tiempo tenía novio, por lo cual en un principio era para gritar a los cuatro vientos lo que alguien no podría escuchar, para decir que estaba enamorado de quien no debía.
En aquella época ya éramos amigos, pero metí las cuatro patas y ya no podíamos seguir siéndolo, así que me tuve que alejar. Entonces me refugié en este espacio muy mío, pero que al mismo tiempo me permitía decirle lo que en la vida real no le podría decir. No empecé desde cero, pues mucho antes ya había escrito algunos pensamientos en papel; este blog solo era para decir que la estaba extrañando. Luego, de tanto escribir e imaginar mi tiempo con ella, un ensueño me comenzó a acompañar, pasando a ser la mujer perfecta, la que siempre me amaría, a la que nunca dejaría, a la que no cambiaría, pero entonces, y por alguna razón, mi deseo se convirtió en realidad. Ella, la mujer de carne y huesos, ahora estaba a mi lado, ¡era real! Así que ahora las dos estaban a mi lado.
He aquí que había un problema. Ella (la mujer real) ahora competiría con mis ensueños. ¿Y cómo compite una mujer contra la nada? Y que a su vez es un superego de ella misma, pero en la cabeza de un loco. La batalla fue de lo más catastrófica que alguien podría imaginar, porque cuando la mujer real estaba conmigo, la de ensueños quería que se fuera. Y cuando la real estaba lejos, yo la extrañaba y entonces su superego se aprovechaba y me abrazaba, consolando mi soledad. Aquello era insoportable porque ella, aun siendo real, no era ella si no se parecía a la de mentiras.
Sé que sufrió por culpa de una de mis fantasías. Y creo que he aprendido la lección: las personas no pueden ser perfectas. Cabe aclarar que me esforcé por liberarme del superego de ella y, aun cuando fue muy difícil dejarla ir, al final también terminé con la mujer real, pues no quería seguir lastimándonos.
Y así es como llegamos al génesis de este espacio. Hasta la próxima.