La boda concluyo y solo estuviste una semana en casa; recordando tus aventuras recorriendo el pueblo, mirando los cambios que tu ausencia no te había permitido ver y claro eso era lo que te hacia asombrarte de cada detalle, además de siempre estar pensando –cuando me fui hace siete años esto no estaba– las cosas no son constantes todo es variable y el que tu no estuvieras no quería decir que no cambiarían, luego, miraste las nuevas tiendas departamentales, recorriste el centro pero como todo llega a su fin, tu tiempo en casa se terminaba y ahora debías regresar al trabajo tu estancia en casa te hizo sentir en clama libre de preocupaciones.
Estas ahora en calma porque el lugar te permite sentir la libertad de un espacio abierto en otras palabras a la intemperie. Dejando el estruendo de la ciudad, para incorporarte a lo bello de la naturaleza la pureza del campo, el dejar la oficina y descubrir que no había mayores preocupaciones que el de comer y disfrutar la compañía de tus padres, hermanos, sobrinos y la de tu mascota; eso es lo que te hizo estar de buen ánimo antes de partir.
Esta semana cuando llegaste has vivido casi como cuando eras pequeña, claro enfrentándote a algunos cambio y uno de los primeros fue acostumbrarte de nuevo a tu habitación que de un rosa cremita ahora ha pasado a convertirse en un azul y con el cielo por techo adornado con muchas estrellas fluorescentes colgantes; la cama esta donde tú la recuerdas en el centro de la habitación con la cabecera mirando al sur. Tus juguetes han sido remplazados por juguetes de niño y en la pared que queda detrás de la cabecera de la cama hay un letrero con letras de colores que dice Niels, frente a la puerta hay una ventana que alguna vez tuvo una cortina de princesas, luego te acostumbras a despertar con una alarma no programada por ti sino por el alba ese sonido que es característico del campo, claro está que hablo del canto del gallo y después recordar que se siente tener cuidado al bajar los pies de la cama con el fin de no aplastar al fiel Toby que vigilaba con mucho sigilo tus sueños, ¡Oh pero también que rico era levantarse con calma disfrutando de todo! Sí disfrutando de todo, el agua fría de la regadera el azul del cielo, luego la leche recién ordeñada, leche fresca, huevos igual frescos y es que casi todo lo que se consumía en casa era de la casa, si no todo era fresco podías estar segura que en su mayoría todo era fresquecito y natural.
Mirar como todo cobra vida aun cuando los primeros rayos del sol no han salido y si le añadimos el amor hacia su tierra de esa gente que te rodeaba, ese amor que te hacia recordar tus inicios, te hacia recordar esas ganas de descubrir que se sería lo nuevo por aprender hoy, hablaste con tanta gente que te contaba y recordaba tus ganas de ser una niña grande la Señora Rosmery la dueña de una tienda del vestidos te conto de aquella ves cuando tenías 8 años y que llegaste te paraste frente al aparador miraste el aparador leíste una y otra vez el letrero que decía se solicita empleada, ella te dijo:
–Me extraño verte ahí frente el aparador yendo y viniendo y además con la carita hacia abajo y diciendo no sé qué tantas cosas y cuando te decidiste, detuviste tu caminar tomaste aire y te apareciste delante de mí y sin titubear me preguntaste–
–Señora, ¿Cuánto tiempo tengo que trabajar para usted para tener ese vestido?–
–Mi niña, ese vestido es para gente grande; tu eres una niña aun ese vestido no va contigo aun– la señora Rosmery intentaba controlar el sentimiento que estaba naciendo en ella, ella sentía ternura por la nena que quería vestirse con un traje tipo sastre y ser grande pero al mismo tiempo tenía ganas de reír por tu actitud de inocente e infantil. La respuesta de no te agrado e insististe. Al final la señora Rosmery te dio la oportunidad de trabajar y si así lo hiciste por tres meses antes iniciar de nuevo la escuela.
Esta historia fue la que más te conmovió aceptaste que te gustaba vestirte bien y más aún que te gustaba la idea de pensar que serias un persona que trabajaría en una empresa enorme y que viajarías por todo el mundo. Pero bueno esos sueños de infancia no se alejaron de lo que eras ahora. Gracias a la señora Rosmery recordaste ese sentimiento que te impulsaba a trabajar y al mismo tiempo de disfrutar tu trabajo. Ahora estabas estas en una empresa gigantesca y que te ha permitido conocer varios lugares del mundo.
Regresaste a casa el viaje no tuvo complicaciones pero durante el aun pensabas mejor dicho recordabas muchas cosas tantas que se amontonaban y no sabías como ordenar tus recuerdos.