Por fin…

Una día más, tres días más, una semana más hasta hacer sietes semanas, ya casi son cuatro meses, pesando en la forma de escribir la perfecta historia de amor en la que, en cada una de las partes nos pudieramos ver reflejados tu, yo y nuestra felicidad, pero, algo ocurre y casi siempre caigo en un punto en el que no encuentro como hacer que estos dos amante verdaderamente hagan eso, amarce.
 
Son tantos los enrredos que les he armado que no encuntro la manera de hacer que la primera parte, –la que leiste, Mile–, se mezcle con la parte en que se ve la realidad de la cituación, donde él sufre y niega la existencia del amor, –no la quiere buscar–, en la que ella lo extraña y no regresa por él, aun cuando ella sabe que no podría estar mucho tiempo sin él.
 
Se aman, pero su amor no es algo fácil de comprender es algo como inexistente, inexistente a simple vista, pero perceptible al corazón. Con los ojos los verás y la distancia entre ellos se notará, pero con el corazón sentiras su amor empapar el tuyo, sin desvanecer el amor entre ellos, puedes amar a uno de ellos, uno de ellos te querra, pero nunca te amará. Duro, pero al fin y al cabó, ¡verdad!.
 
Es tan fuerte el lazo entre ellos que aún cuando la distancia no les permita estar juntos, ellos se amaran cada día más, porque se desearan cada día más uno al otro, pero cada que esten juntos, no se sentiran tan amados uno por el otro; desearan estar lejos, para amar cada minuto de su estancia juntos.
 
Melancolía, ¿por qué ahora me invadez?, ¡dime!, ¿por qué mi amor, me ama más cuando estoy lejos? y ¿por qué la amo mucho más cuando no está junto a mí?.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *