Miraba al televisor, sentado a los pies de la cama y junto al mueble del teléfono y recargado en un taburete, así por casi media hora de la película hasta que el sonido del teléfono interrumpió contesto un amigo que estaba en mi habitación —si, diga… sí aquí está, ya se lo paso— me miro tapando el altavoz y en voz baja dijo —es ella—, tome el aparato y conteste -bueno- la voz del otro lado de la línea no era la de ella.
La confusión se apodero de mí y me pregunto —¿Por qué me buscas?— la verdad no soy quien para preguntar por qué, solo sé que tu voz tenía un tono al estilo melodía nostálgica que hacia que mi cuerpo se sintiera impacienté por escuchar lo que querías decir, pero solo pude contestar de la manera más ruin que pudiera haber, como con odio porque me sentí ofendido, y lo primero en mi mente fue —después de que le dejaste me hablas, ¿Por qué tardaste tanto?, te extrañe, quería escucharte—, pero solo conteste ¿Para qué hablaste?, estoy disfrutando de una película.
No quiero narrar lo que me contaste ni lo que respondí pues, es un problema, porque ella tiene celos de ti; le hable con la verdad pero ella (mi novia) tiene celos de ti y aun con la verdad duda de tu amistad.
Quiero gritar de ti y no puedo porque temo perderte o arruinar lo nuestro, si es que aun hay algo, siento celos de mis amigos porque alguien se preocupa por ellos, ¿celos?… pero si ahora ella se preocupa por mí, pero, yo no quiero que ella se preocupe por mí, es una sensación extraña porque siento que le estoy haciendo daño y, ella no lo merece, pero más daño le haría decirle que aun te amo.
Me muerdo los labios y aprieto los ojos cuando la abrazo, cuando la beso, cuando la miro, cuando le digo que la quiero, para intentar olvidar tus abrazos, tus besos, tu rostro y la forma en que me sonreías al decirte te quiero; el problema es que la quiero pero no la amo como lo sí lo he hecho contigo, en verdad me enamore de ti y lo pienso porque, no quiero seguir haciéndonos daño.
Creo que las apariencias si me importan, y creo que la mujer perfecta es la mayor rival de todos mis amores porque creo que la perfecta no deja espacio, para mí, por eso nunca te dije te amo porque tenia miedo de que no fueras para mi.
Ahora solo quedamos un ideal y yo,en pocas palabras, la mujer perfecta y yo.
Bueno esto es un pensamiento que había escrito hace unos cuantos años y que me encontré creo es tiempo de publicarlo, ya ha estado escondido desde hace un buen tiempo. Espero les guste, como todos este también lo voy a estar acomodando pero el sentimiento en este me encanto y dolió.
El amor necesita mucha valentía por la sencilla razón de que el requisito básico del amor es abandonar el ego. Parece casi como suicidarse. Sólo parece así porque lo único que conocemos es el ego.El ego se ha convertido en nuestra única identidad, y abandonarlo significa ciertamente que estás abandonando tu individualidad. Eso no es verdad; de hecho, la verdad es justo lo contrario: a no ser que abandones el ego no puedes conocer tu verdadera individualidad. El ego es un simulador, algo falso, seudo, inventado. Sólo cuando lo abandonas puedes ver lo real. De otra forma, lo irreal oculta lo real. Lo irreal oculta lo real como las nubes ocultan el sol. El amor requiere abandonar el ego. Por eso el amor puede convertirse en la puerta a lo divino. Puede que empieces amando a una persona, pero acabarás amando lo impersonal. La persona se vuelve como una ventana, abierta hacia el cielo infinito. Pero hay que tener absolutamente claro que el ego tendrá que ser sacrificado.La gente anhela el amor, pero al mismo tiempo se aferra a su ego. Por eso el amor nunca se hace realidad. Vienen y van sin saborear el néctar del amor. Y a no ser que tengas la experiencia del amor, no habrás experimentado la vida en absoluto. Te la pierdes por entero
aqui de nuevo infringiendo tu espacio, pero me gustaria qu eleyeras esto:Una relación es uno de los misterios. Y como existe entre dos personas, depende de ambas.Cuando dos personas se encuentran, se crea un mundo nuevo. Simplemente con su encuentro comienza a existir un nuevo fenómeno, algo que no había antes, que nunca existió antes. Y a través de ese nuevo fenómeno, ambas personas cambian y se transforman.Sin relacionarte, eres algo; relacionado, inmediatamente te vuelves otra cosa. Ha sucedido algo nuevo. Cuando una mujer se vuelve una amante ya no es la misma mujer. Cuando un hombre se vuelve un amante ya no es el mismo hombre. Nace un niño, pero no acertamos a comprender algo en absoluto: en cuanto nace el niño, también nace la madre. No existía antes. La mujer existía, pero la madre no. Y una madre es algo absolutamente nuevo.Tú creas una relación, pero luego, a su vez, la relación te crea a ti. Dos personas se encuentran, eso significa que se encuentran dos mundos. No es algo sencillo, sino muy complejo, lo más complejo. Cada persona es un mundo en sí misma, un complejo misterio con un largo pasado y un futuro eterno.Al principio sólo se encuentran las periferias. Pero si la relación se vuelve íntima, se vuelve más cercana, se vuelve más profunda, entonces poco a poco los centros comienzan a encontrarse. Cuando los centros se encuentran, se llama amor.Cuando se encuentran las periferias, no son amantes, son conocidos. Tocas a esa persona desde el exterior, desde el borde, sois conocidos. Muchas veces empiezas a llamar a un conocido «tu amor». Entonces estás en una falacia. Ese tipo de conocimiento no es amor.El amor es muy excepcional. Llegar a conocer a una persona en su centro es atravesar tú mismo una revolución, porque si quieres encontrar a una persona en su centro, tendrás que permitir que esa persona llegue también a tu centro. Tendrás que volverte vulnerable, absolutamente vulnerable, abierto. Es arriesgado. Permitir que alguien llegue a tu centro es arriesgado, peligroso, porque nunca sabes qué te hará esa persona. Y una vez que se conocen todos tus secretos, una vez que todo lo que estaba oculto ha sido revelado, una vez que te has mostrado completamente, nunca sabes lo que hará esa otra persona. Eso da miedo. Por eso nunca nos abrimos.Somos sólo conocidos, y pensamos que ha sucedido el amor. Se encuentran las periferias, y pensamos que nos hemos encontrado. Tú no eres tu periferia. En realidad, la periferia es el borde en que acabas, el vallado que hay a tu alrededor. ¡Tú no eres eso! La periferia es el lugar donde tú acabas y comienza el mundo.Incluso maridos y mujeres que puede que hayan vivido juntos durante muchos años quizá sean sólo conocidos. Puede que no se hayan conocido mutuamente. Y cuanto más vives con alguien, más olvidas completamente que los centros permanecen desconocidos.Así que lo primero que hay que comprender es: no confundas el conocimiento superficial con el amor. Puede que estéis haciendo el amor, puede que os relacionéis sexualmente, pero también el sexo es periférico. A no ser que se encuentren los centros, el sexo es tan sólo un encuentro de dos cuerpos. Y un encuentro de dos cuerpos no es tu encuentro. También el sexo sigue siendo un conocimiento superficial, físico, corporal, pero aún superficial.Sólo puedes permitir que alguien entre en tu centro cuando no tienes miedo, cuando no estás asustado.Así que te digo que hay dos maneras de vivir. Una se basa en el miedo, la otra se basa en el amor. La vida basada en el miedo nunca te puede llevar a una relación profunda. Permaneces asustado, y no puedes dejar que la otra persona entre en ti, entre hasta tu mismo centro. Le dejas que entre hasta cierto punto, y entonces surge una pared y todo se detiene.La persona que tiende al amor es la persona religiosa. La persona que tiende al amor es alguien que no tiene miedo al futuro, que no tiene miedo al resultado y a la consecuencia, que vive aquí y ahora.No te preocupes por el resultado. Eso es la mente basada en el miedo. No pienses en lo que resultará a raíz de ello. Simplemente permanece aquí y actúa totalmente. No calcules. Un hombre basado en el miedo siempre está calculando, planeando, disponiendo, protegiendo. Toda su vida se pierde de esta forma.